No es la primera vez que escribo sobre este tema. La diferencia es que cuando las injusticias se convierten en algo personal y cercano todo cambia. No es lo mismo que te lo cuenten a verlo con tus propios ojos. Y eso es precisamente lo que me ha pasado con dos hermosas y valientes mujeres camerunesas, las protagonistas del proyecto Sonrisas Refugiadas, de la ONGD Zerca y Lejos.

Se llaman Martha y Hanatou y tienen 34 y 24 años respectivamente. La ONG las unió gracias al centro de salud oral que mantenía abierto en Tourou, en el Extremo Norte de Camerún. Allí fueron formadas por ZyL como higienistas y protésicas dentales, y atendían a más de 1.000 pacientes al año, controlaban la salud escolar de 23 colegios y revisaban las bocas de más de 3.500 niños.

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Marta y Hanatou trabajando en una prótesis dental

Pero hace apenas unos meses este gran proyecto se truncó. Zerca y Lejos se vio obligado a cerrar la clínica debido a la escalada de terror y muerte que está provocando el grupo terrorista Boko Haram. Sí, el mismo que secuestró a las 200 niñas en Nigeria, pero que no ha parado de matar cada día aunque no lo digan en los medios de comunicación. Las fronteras con Nigeria están cerradas, los militares y los tanques se reparten por el territorio fronterizo. Y la situación empeora por momentos. Es la guerra.

La capacidad de reacción de la ONG hizo que, además de cerrar la clínica, tomasen la decisión de refugiar a sus trabajadoras en Bengbis, en el sur del país. El peligro de sufrir represalias de estas mujeres por trabajar con una organización occidental era muy alto. Con sus escasas pertencias y sus hijos, Martha y Hanatou llegaron tras un interminable viaje a mediados de junio a la Misión Católica de Adjoli, sede de Zerca y Lejos en la región de Bengbis. Además de proporcionarles un hogar donde vivir lejos de la continua amenaza terrorista, ambas pueden continuar desarrollando su profesión en la clínica de Bengbis.

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Martha tiene cuatro hijos: Wala, Guaza, Christine y Saratu ¡No pueden ser más guapos los chiquillos! Siempre sonrientes y con ganas de jugar, estos niños han robado el corazón de todos los voluntarios de la ONG que se han cruzado por su camino. Pero en la vida de Martha no todo han sido alegrías. Cuando era pequeña sufrió una enfermedad que la dejó su pierna derecha inutilizada. Desde entonces y, por su manera de caminar, la conocen como ‘la serpiente’. Además, su marido la abandonó hace unos cinco años, al nacer los gemelos Wala y Guaza. La vida no se lo ha puesto fácil pero en el año 2011 Zerca y Lejos se cruzó en su camino. Se convirtió de esta forma en la responsable de la primera clínica oral de Tourou. Actualmente, se esfuerza cada día junto a Hanatou por sacar adelante como protésicas el gran volumen de trabajo que se maneja en la clínica dental que ZyL tiene en Bengbis.

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La trayectoria de Hanatou con la ONG ha sido más reciente. Fue en 2013 cuando comenzó a recibir formación como higienista dental, siendo Martha su profesora. Le ha costado mucho abandonar su tierra natal puesto que había formado su propia familia junto a su marido y dos niños, de 3 años y de apenas 7 meses de edad. A Bengbis sólo ha podido traerse consigo al menor de sus hijos, Fidel, dejando atrás al resto de su familia. Hoy, Fidel es el rey de la clínica, siempre colgado en la espalda de su madre hace las delicias de compañeros, pacientes y todo aquel que pase a su lado.

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Yo las he visto en acción. He viajado en agosto como voluntaria del programa de odontología que tiene Zerca y Lejos en Camerún y he tenido la suerte de coincidir con ellas. Son muy trabajadoras, siempre con ganas de aprender y súper divertidas. Recuerdo que una vez Martha me dijo que mi color de piel es más blanco que el del resto de mis compañeros, «¿es normal? ¿toda tu familia es así?», me preguntó. Aún estaba intentando responder a semejante pregunta con mi escaso francés cuando comenzó a reírse y me di cuenta de que me estaba gastando una broma. En el laboratorio de prótesis siempre había lugar para sus bromas. Y es que son amigas. Aunque ya se conocían de antes, la ONG las unió en 2013 y no creo que ya haya nada que las separe.

Las lágrimas de Hanatou cuando fuimos a despedirnos a su casa el día antes de regresar a España me dejaron sin palabras. Es difícil que me olvide de ellas y espero volver a verlas algún día. No me puedo quitar de la cabeza el hecho de que sus vidas corren un futuro muy incierto. Un futuro marcado por la evolución de una guerra incomprensible, de una guerra injusta.

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Este proyecto requiere ayuda económica para vivienda, escolarización de los niños, salarios… Actualmente, viven en una casa muy cercana a la clínica donde trabajan en la que viven juntas con sus hijos. Para la manutención de ambas y sus familias se necesitan 45 nuevos socios que aporten 10 euros al mes. Aún no se ha alcanzado esta cifra.

¿Las ayudas? Puedes hacerlo por muy poco.

Puedes aportar tu grano de arena con una donación o haciéndote socio

(escribe en observaciones del formulario Sonrisas Refugiadas)

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