
Venecia me transmite decadencia y antigüedad. Y es ese precisamente parte de su encanto. El implacable paso del tiempo hace estragos sobre cada una de las fachadas y las convierte en partes de un todo. Y ese todo es la ciudad romántica por excelencia.
Cada rincón puede ser único. Te sientes el descubridor del canal más bonito, del edificio más singular, del restaurante más auténtico. Venecia es amable, es color, es ruido, es poesía.






