La majestuosidad de los Himalayas, la magia de los templos budistas tibetanos… ¿Es todo tan bonito como lo pintan? ¿Realmente merece la pena ir al Tíbet? Ya te aviso que no soy objetiva. He vuelto tan enamorada del Tíbet que sólo te puedo decir que es un viaje que tienes que hacer una vez en la vida.

Entonces ¿por qué he decidido escribir este artículo? Porque creo que es necesario. Tíbet no es un destino sencillo, cómodo ni económico. Aunque pertenece a China, hay que viajar obligatoriamente con agencia, tramitar un montón de permisos, se puede sufrir mal de altura, se pasan un montón de horas en carretera y hay que asumir una logística bastante más compleja que la de cualquier otro viaje por Asia.

¿Merece la pena viajar a Tíbet en China?
Yaks junto al Everest en un viaje al Tíbet inolvidable.

Y sí, a pesar de todo esto es uno de los destinos más especiales del mundo. Vale la pena cada euro invertido. De hecho, puedo decir sin exagerar que ha entrado directamente en mi top 3 de viajes favoritos. De verdad ¡ES ALUCINANTE!

Pero como no quiero caer en la idealización extrema ni crear falsas expectativas, voy a contarte las cosas tal y como las viví: lo bueno, lo increíble, lo incómodo y lo que quizá nadie te cuenta, para que puedas decidir por ti mismo si realmente es un destino que merece la pena.

¿Sabías que no se puede viajar por libre por la meseta tibetana? Para entrar en la región autónoma del Tíbet (perteneciente a China) hay que contratar los servicios de una agencia sí o sí. Es más, tendrás que dejar bien cerrado el itinerario previamente porque después, tras conseguir los permisos de entrada, no se puede cambiar nada. En Tíbet no hay cabida para la improvisación.

Para los que siempre viajamos por libre es una faena, no lo voy a negar. Sin embargo, mi experiencia final ha sido más que positiva y te cuento porqué. La ruta la hicimos de la mano de la agencia Eastogo. Ellos se encargaron de cerrar el itinerario en base a nuestras preferencias, de gestionar todos los permisos y contratar un guía local tibetano que fue pieza clave de la experiencia.

Guía tibetano en el Tíbet
Con nuestro guía tibetano.

Gracias a Sonam, el guía que nos acompañó durante las casi dos semanas de ruta, la inmersión cultural fue mucho más profunda que si hubiese viajado por mi cuenta. La despreocupación total con la logística hizo que solo tuviera que centrarme en disfrutar, entender y vivir la experiencia al máximo. Y todo ello en un país como China con las particularidades y complicaciones logísticas que ello implica. Es decir, lo que en un principio parecía un hándicap, se convirtió en un acierto absoluto.

Te aconsejo leer previamente sobre el destino, porque es un lugar que te exige llegar con cierta sensibilidad y contexto. Entabla conversaciones con tu guía con mucho respeto, aprende de todo lo que te cuente y lleva una actitud abierta para entender mejor el entorno en el que te mueves. Familiarizarte con algunos preceptos básicos del budismo también te ayudará a comprender mejor muchos de los rituales, comportamientos y la forma de vida que verás durante el viaje.

Agencia con la que viajé al Tíbet

Lo dicho. Necesitas una agencia para organizar y guiar el viaje en su totalidad. Yo lo hice con la empresa china Eastogo, especializada en rutas diferentes por el gigante chino, y fue un acierto total. La ruta que prepararon me pareció súper completa y la compañía de nuestro guía Sonam y de Liuni (representante de Eastogo) marcó el viaje 100% en positivo. El ambiente fue inmejorable y lo pasamos en grande durante toda la ruta.

La comunicación previa para la preparación del viaje y la resolución de dudas, así como la gestión de los permisos la hicimos 100% por email. Fue todo súper cómodo.

La atmósfera y la belleza de los templos tibetanos es muy difícil de explicar con palabras. Son colores, luces tintineantes, sonidos lejanos de cánticos y mantras sinfín, sensaciones, olor a incienso, a mantequilla de yak y a una conexión con lo espiritual que lo impregna todo. No importa que no seas creyente. Te va a remover por dentro.

Debate de monjes budistas en el Monasterio Sera.
Debate de monjes budistas en el Monasterio Sera.

No se pueden tomar fotografías ni grabar en el interior de la mayoría de templos y monasterios tibetanos. Otro de esos hándicaps que acabó siendo una suerte inesperada. Cuando traspasas los muros de estos edificios centenarios, solo cabe guardar el móvil y despertar los sentidos. Observar los quehaceres diarios de los monjes budistas, la devoción de los peregrinos, maravillarte con estatuas gigantes, antiguos manuscritos budistas y escuchar atentamente cada explicación de tu guía. Te prometo que merece la pena. Aún me remueve pensar en ello a día de hoy. Sin duda, los templos asiáticos más impactantes que he visitado.

Estamos en el techo del mundo. Un lugar donde las montañas rasgan el cielo, los glaciares resbalan por las laderas y la inmensidad de los lagos, de un azul tan intenso que cuesta creer que sea real, te hace sentir pequeño en todos los sentidos. Uno se siente realmente afortunado de estar allí, de bajar del coche y disfrutar del movimiento hipnótico de las banderas tibetanas. ¡Estoy en Los Himalayas!

Y lo más impactante de todo es que no hace falta ser alpinista ni enfrentarse a grandes expediciones para vivirlo. En el Tíbet puedes recorrer por carretera algunos de los paisajes más brutales del planeta, cruzando puertos de montaña a más de 5.000 metros de altitud y enlazando miradores con vistas a los grandes ochomiles del planeta.

Campo Base del Everest en el Tíbet
Posando junto al Everest ¡aún no me lo creo!

El propio campo base del Everest en el lado tibetano es accesible por carretera, algo casi impensable cuando piensas en la montaña más alta del planeta y lo comparas con los 10/15 días de duro trekking para alcanzar el campo base del Everest del lado nepalí. A lo largo del camino, cada curva abre una nueva postal: cumbres nevadas que parecen inalcanzables y monasterios aislados que refuerzan aún más la sensación de estar en otro mundo. ¿Te imaginas dormir en un alojamiento súper cómodo con vistas al pico más alto del mundo? Pues no te lo imagines y comienza a planearlo porque es una de las mejores experiencias del viaje.

De nuevo, las palabras se quedan cortas y las imágenes no hacen justicia. Tenía que decirlo 😉

Eso sí, recuerda que en alta montaña la naturaleza manda. Es muy importante entenderlo y saber gestionar expectativas y frustraciones si la meteorología es adversa. Por ejemplo, tuve la inmensa fortuna de disfrutar del Everest completamente despejado durante un par de horas. Pero la mañana siguiente cayó una nevada tan fuerte que hubo cortes de carretera y todos los que viajaban al campo base ese día no pudieron llegar.

Depende. Pensaba que sería fácil sortear los síntomas del mal de altura haciendo caso de las recomendaciones. Pero la realidad es que no es tan sencillo. Estamos hablando de un destino cuya capital, Lhasa, se encuentra a casi 3.700 metros de altura. Sólo el hecho de aterrizar a semejante altitud marcará el devenir de los primeros días.

Una aclimatación que alcanza el clímax a más de 5.000 metros de altura en varios pasos de montaña como el Gyatso La y el Gawula Pass, y, por supuesto, en el campo base del Everest a una altitud de 5.200 metros. ¡Casi nada!

A lo concreto. ¿Qué se siente cuando expones tu cuerpo a la falta de oxígeno de la altitud extrema? El primer día absolutamente nada. Aterricé, descansé, di un paseo por Lhasa y todo fue perfecto. Una pequeña sensación de mareo, pero nada importante. Me he librado, pensé. Pues no. Estaba equivocada. Los síntomas vendrían los siguientes días.

Todo empezó con un ligero dolor de cabeza durante el segundo día que fue aminorando con el paso de las horas. Después, comencé a sentir que me faltaba el aire al subir escaleras o al hablar muy rápido y seguido. Hasta el punto que, durante el tercer y cuarto día, tuve que utilizar en un par de ocasiones la pequeña botella de oxígeno que te proporciona la agencia. La mejoría se nota casi al instante. Eso sí, el insomnio me acompañó durante varios días extra.

Mal de altura en el Tíbet
Dominando el mal de altura en el Tíbet.

Lo que está claro es que cada cuerpo es un mundo y reacciona de manera diferente. Sólo hay que hacer caso a TODAS las recomendaciones, no tomarte los síntomas a la ligera y aclimatarte a la altura poco a poco. Recomiendan no ducharte los dos primeros días, así como evitar esfuerzos físicos, comidas muy pesadas, café, acohol y comida picante. Y, por supuesto, uno de los consejos más importantes que debes seguir a rajatabla es beber al menos 2 o 3 litros diarios.

¿Hace falta seguro de viaje para Tíbet?

Un rotundo SÍ. Claro que hace falta y no uno cualquiera. Necesitas una póliza que te cubra cualquier actividad en altura. Recuerda que, aunque no seas alpinista, vas a viajar literalmente por el techo del mundo. Una aventura increíble que requiere hacerlo con seguridad. En este caso, te recomiendo la póliza Iati Mochilero con 5% de DTO directo que cubre trekkings hasta 5.400 metros de altitud. Es decir, vas totalmente cubierto al campo base del Everest y a cualquier punto de la ruta.

Aunque las carreteras del Tíbet están en un más que sorprendente buen estado, hay días con largas jornadas de carretera. Horas y horas de paisajes infinitos, montañas nevadas y puertos de montaña interminables, junto al cansancio acumulado de tantas horas sentado. Las vistas desde la furgoneta compensan, pero hay que armarse de paciencia. Todo esfuerzo en el Tíbet merece la pena.

Llévate una buena lista de música y disfruta de las vistas con banda sonora. Mires donde mires, vas a alucinar con la naturaleza desbordante del Tíbet. Hubo trayectos bien largos que se me pasaron volando. Y el buen rollo del grupo también es súper importante en estos casos.

A veces, cuando volvemos de un viaje y enseñamos las fotos, pecamos de parcialidad. Sólo enseñamos lo que nos llama la atención, las imágenes más pintorescas y los paisajes más espectaculares. Pero cada destino se compone de multitud de piezas que en ocasiones dejamos fuera de la ecuación. Y a mí, éstas son las que más me han sorprendido.

  • Ciudades ultra modernas. Sí, hay muchos templos increíbles, centros históricos que parecen salidos de otra época y pueblecitos monísimos perdidos en la montaña. Sí, todo eso lo vas a ver. Pero lo que no esperaba encontrarme eran ciudades súper modernas al más puro estilo chino: luces de neón, grandes edificios y una sensación continua de tecnología y futuro.
  • Contraste cultural constante. Entre lo profundamente espiritual del budismo tibetano y la modernización acelerada de algunas ciudades, el choque cultural es continuo.
  • Infraestructuras súper desarrolladas. No te esperes carreteras bacheadas o sin asfaltar porque en los principales puntos turísticos del Tíbet no te las vas a encontrar. El estado de las carreteras es increíble, con numerosas autovías, túneles kilométricos excavados bajo la montaña y puertos de montaña en altura con carriles súper anchos y bien asfaltados. Definitivamente, las carreteras están mejor preparadas que en mi Burgos querido.
  • Internet en lugares remotos. Te lo juro. Creo que no he visitado ningún destino en el mundo mejor conectado que el Tíbet. He tenido conexión 4G y 5G hasta en las áreas montañosas más remotas ¡hasta en el campo base del Everest!
  • Buen nivel de vida. Si esperas encontrarte con una región pobre y un nivel de vida muy básico, te vas a llevar una sorpresa. En las principales ciudades del Tíbet se percibe un estándar de vida bastante más alto de lo que pensaba, con buenas infraestructuras, servicios modernos y una sensación general de desarrollo. Aun así, en áreas rurales y remotas sí se nota un entorno más humilde y con menos presencia de inversión.
¿Merece la pena viajar al Tíbet? Gastronomía tibetana
Disfrutando de un hot pot tibetano.

Dime en comentarios ¿te esperabas estos contrastes? Porque yo iba con una idea muy equivocada del Tíbet.

Yo creo que ya te sabes la respuesta ¿no? Sí, claro que vale la pena viajar al Tíbet. Pero, por si acaso, te dejo una lista de cosas que me fliparon.

  • Altísima montaña al alcance de la mano. Ya lo sabes. ¿En qué lugar del mundo puedes observar ochomiles desde miradores de carretera y dormir a los pies del Everest sin derramar una sola gota de sudor ni jugarte la vida en la montaña? Sólo en el Tíbet.
  • Espiritualidad en templos budistas. Y todo ello junto a monasterios tibetanos donde la espiritualidad se palpa en cada rincón, entre rituales diarios y una profunda vida religiosa. Aunque te parezca que visitar 10 templos es demasiado y que, probablemente, te terminarás cansando ¡para nada! Todos son bellísimos, diferentes y con una belleza interior que te va a impactar. Me quedé con ganas de más.
  • Gastronomía para chuparse los dedos. Aún no os había hablado de la gastronomía tibetana y ha sido un gran error porque me ha encantado. Noodles (en sus diversas formas, tamaños y sabores), arroces, momos (empanadillas rellenas), sopas reconfortantes, carne de yak en distintas preparaciones y el clásico hot pot, que nunca falla tras un día de frío y altitud. Una cocina sencilla pero contundente, deliciosa y picante.
  • Un viaje muy distinto a cualquier otro destino de Asia. El Tíbet no se parece al resto de China continental, ni a Nepal, ni a ningún otro país cercano como Tailandia o Vietnam. Es único y ofrece una inmersión cultural difícil de igualar. Verás pocos turistas occidentales. Muy pocos y, durante buena parte de la ruta, directamente a ninguno. Y eso, a día de hoy, es totalmente increíble. Yo tardé más de una semana en cruzarme con los primeros turistas occidentales, un grupo de italianos la mar de majos.
  • Viajar con guía local. Si hubo algo que marcase el viaje para bien, esa fue la presencia constante de nuestro guía local, Sonam. Además de ser una persona súper divertida, con mucho don de gentes y resolutivo, nos abrió una puerta directa hacia la cultura tibetana budista. Profundamente creyente y estudiante en su juventud en un monasterio budista, nos ayudó a entender desde dentro muchos de los rituales, creencias y formas de vida locales. ¡Mil gracias a la agencia por la elección!
Merece la pena ir al Tíbet
Con imágenes así ¡Sí merece la pena ir al Tíbet!

Y hasta aquí ha llegado esta reflexión tan personal de quien te habla, Rebeca. Espero haberte resuelto todas tus dudas existenciales, ayudado a decidir si merece o no merece la pena viajar a Tíbet y a romper las barreras que aún tengas antes de cumplir este gran sueño viajero. Te lo juro, Tíbet será esa gran aventura que recuerdes toda la vida.

Sólo me queda dar las gracias a Eastogotravel por organizar una ruta absolutamente increíble y recordarte que las opiniones personales son eso mismo, sensaciones subjetivas que no tienen porqué coincidir con las de otra persona. ¡Gracias por llegar hasta el final!

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